
3,5
Soy consciente de que me falta mucha cultura literaria y pienso que quizás por eso mismo hay ciertas imágenes o formas que no me han llegado en el mismo lenguaje o desde el mismo lugar que a otros lectores.
Me ha parecido percibir una pátina pornográfica en algunos fragmentos biográficos, y eso me remueve. Esas imágenes, al menos tal y como yo las he leído, se me hacen violentas y no me gusta el imaginario del que nacen.
A pesar de tener sentimientos encontrados no puedo negar que el libro tiene un halo muy magnético y que la sensación global es que, por lo que sea, me ha gustado. Es un libro especial.
Quizás escriba más sobre lo mucho que me ha gustado esta novela, pero de momento necesito decir que es increíbleeee
Me ha resultado muy tierno, cada imagen particular está escrita con una mirada atenta y llena de luz. Creo que es un gran de ejemplo de cómo una escritura sencilla puede mostrar la complejidad de miles de detalles
Este tío escribe muy bien...
Por denso que pueda ser, una vez te acostumbras al estilo de Ortega, leerle es todo un viaje. Me parece que se expresa de una manera adecuadísima para un profesor de filosofía. Te da la mano, te guía por las ideas, por las imágenes, y, de repente, llegas ahí, a donde te estaba avisando que quería llegar. Tú mismo lo notas, sientes como avanzas y asciendes hasta que te topas con un nuevo umbral, un nuevo escalón en el que (re)posar tu pie, un sostén seguro (indudable) para seguir ascendiendo, como el dice, en una espiral cuyas circunferencias descritas se van cerrando más y más en torno a aquello que quiere conocerse.
Además forma en la que explica el solipsismo del idealismo cartesiano y cómo argumenta el gran error de este, demostrando la existencia de algo más que el yo pensante, de la vida misma, es una maravilla.
Desde luego un libro al que da mucho gustito asistir.
Un libro que inevitablemente despierta curiosidad por el budismo, la filosofía, la existencia en general. Al principio no estaba seguro de que me fuera a gustar, pero el tono poético y trascendental que adquiere la narración me ha hecho disfrutar. Las imágenes que transmite son muy bellas, la visión poética y espiritual de la naturaleza aporta a la vida mucha sensibilidad (sentido) y alimenta el imaginario de los cuidados.
La novela me ha gustado y yo escojo con qué imágenes me quedo y cómo las uso, claro. Pero lo que no me ha gustado es la glorificación del solipsismo y del sufrimiento para alcanzar la grandeza espiritual, la purificación.
Me ha parecido una novela increíble. Remueve más de lo que uno quiere creer mientras se deja embaucar por la ficción y el relato, muchísimo más. No sé muy bien qué puedo decir de este libro, es extraño decir que me he entretenido leyendo algo tan violento. Pero bueno, supongo que habrá miles de violencias que consumimos y alimentamos sin que nos parezcan “duras” por venir estas del poder y el privilegio. Así que... no sé qué puedo decir aparte de que es duro, está muy bien contado, retrata con agudeza los distintos planos de violencias recibidas por la protagonista por el hecho de ser mujer...
La recomiendo mucho, creo que a veces merece la pena exponerse al sufrimiento si eso va a reforzar nuestra empatía y nuestra mirada solidaria y activa hacia las personas.
Un libro triste por lo que relata, pero alegre por cómo lo hace, mostrando el impulso vital de las personas que aparecen. La manera que tiene Virginia Mendoza de narrar las relaciones entre los habitantes de Cauvaca es bellísima, está repleta de una honestidad tan tierna, sencilla e inocente como la vida misma.
Los capítulos, que son como pequeñas historias relacionadas, conforman una imagen general muy nítida y sensible de lo que aconteció en Cauvaca y Caspe durante la guerra civil y la posguerra. De una escritura fragmentaria nace un relato muy vivo y cercano.
Desde el prólogo me atrapó la belleza con la que está escrito, y no puedo ni quiero dejar de insistir en esto: a pesar de lo dramático de lo que acontece, las imágenes tienen tanta belleza que lo compensa.
PD: este libro es más que una novela, es un proyecto. Tiene una web en la que hay un mapa interactivo con localizaciones e información de lugares sumergidos por la construcción de presas en España. Es esta https://detendranmirio.com
(Artículo completo aquí)
Me encanta la capacidad que tiene Sara Mesa para retratar mediante fragmentos, únicamente fragmentos que insinúan una realidad. Si bien es cierto que en esta novela no profundiza en las relaciones tanto como en otras, a mí me ha dejado una sensación muy buena. Creo que no profundiza en un sentido de desarrollo, pero que, a la vez, sí lo hace al dejar pequeñas pistas: en esos recortes de realidad, muestra los elementos necesarios para hacerse las preguntas correctas, para que uno se preocupe por la vida y los pensamientos de los personajes. Creo que no hace falta nada más, pues solo con unos cuantos detalles podemos dibujar en nuestra cabeza el retrato de la familia protagonista; un retrato en su sentido más literal incluso: como una fotografía en la que la disposición, poses y miradas de los retratados, nos transmiten sus preocupaciones, sus deseos, su relación con los otros, su lugar en esa unidad, en este caso familiar.
Creo que es una novela con un fondo mucho más complejo de lo que pueda sugerirnos estilo sencillo, aparte de tener unos personajes muy diferenciados y entrañables a su manera. Uno cree conocerlos a la perfección solo con ver dos momentos de su vida.
PD: Padre es pesadísimo, insoportable, vanidoso y deprimente. Le tengo tirria y a la vez me compadezco de él. Creo que, tanto en él como en los demás personajes, todos podemos identificar situaciones arquetípicas familiares y roles que hemos conocido o encarnado.
Una lectura clásica y sencilla sobre el amor.
Siempre me gusta volver a caer en la cuenta de que ciertos conceptos básicos que me (nos) resultan novedosos ya los habían usado los griegos. Y no solo eso, también les han dado varias vueltas.
De todas formas, lo genial de las ideas es que solo cobran sentido cuando has recorrido el camino hacia ellas, por mucho que se haya recorrido mil veces. El movimiento, que es la experiencia, es necesario para entender, sentir, disponer y mirar más allá del lenguaje.
Las Penas del Joven Werther es un clásico epistolar del romanticismo alemán. A través de las cartas que Werther envía a su amigo, Wilhelm, el protagonista narra sus vivencias desde un pueblo al que se acaba de mudar. El acontecimiento principal, que vertebra toda la narración e inunda casi todas las emociones que Werther expresa, es un repentino y obsesivo enamoramiento que le hace oscilar entre la euforia máxima o la genuina percepción de la belleza del mundo, y la más profunda depresión y desesperación ante emociones tan intensas que no encajan en las convenciones sociales.
He de decir que apenas había leído novelas epistolares y me encanta! Te permite un acercamiento muy íntimo a las emociones de los personajes, te sientes envuelto en sus dramas más profundos. Esto tiene dos caras, claro, porque si lo lees en un momento de salud mental delicada, las emociones que se relatan pueden ser detonantes, como pudieron serlo para algunos jóvenes que leyeron Werther tras su publicación en 1774: hubo oleadas de suicidios inspiradas por la novela, que condensaba el ideal romántico del suicidio por amor. Fue un suceso tan marcado que nació el concepto de Efecto Werther: “aumento del número de suicidios en determinadas zonas y que siguen a la aparición de noticias sobre suicidio en los medios de comunicación de esa misma zona”
No se puede decir casi nada nuevo sobre un clásico, pero siempre pueden extraerse ideas, reflexiones o nuevas perspectivas. Así que tan solo voy a compartir esta lectura a través de mis subrayados. Son citas que plantean temas muy interesantes en los que todos podemos vernos reflejados en mayor o menor medida.
Un tema que me parece clave en la actualidad y que se deja ver entre las páginas de este libro es el individualismo y todo lo que trae consigo: aislamiento, competitividad, impotencia, ver en los demás solo las propias carencias...
¡Qué bien me sienta que mi corazón experimente la dicha humilde y sencilla de quien lleva a su mesa un repollo que él mismo ha cultivado, porque, no solo disfruta de la col, sino que una y otra vez y en un solo instante, vuelve a disfrutar de todos los días buenos, de la hermosa mañana en que la plantó, de los dulces atardeceres en que la regó y del placer del que gozaba al verla crecer!
Nuestra imaginación, obligada por su propia naturaleza a elevarse, alimentada por las fantásticas imágenes del arte de poetizar, se inventa una escala de seres en las que nosotros mismos ocupamos el lugar más bajo y todo lo que está fuera de nosotros nos parece espléndido, cualquier otro, más perfecto. Y ello acontece de la manera más natural: muy a menudo sentimos todo lo que nos falta y, precisamente, eso que nos falta nos parece a veces que es otro el que lo posee; a éste, además, otorgamos también todo lo nuestro y, por si fuera poco, un cierto e idelizado bienestar. Y he aquí cómo obtenemos al dichoso, una criatura creada por nosotros mismos.
En cambio, si con toda nuestra debilidad y esfuerzo proseguimos nuestro trabajo con firmeza, a menudo encontraremos que, a pesar de nuestros virajes y barloventos, avanzamos más que otros con todos sus remos y velas desplegadas... Y esto sí que es un verdadero sentimiento de uno mismo, cuando igualamos o incluso sobrepasamos a otros.
[Mi corazón] constituye mi único orgullo, pues sólo él es la fuente de todo; de toda fuerza, dicha y miseria.
Vemos seres dichosos y no somos nosotros los artífices de su felicidad, ¡y eso nos resulta insoportable!
RESEÑA COMPLETA AQUÍ
2,5⭐️/5⭐️
Verdolatría, de Santiago Beruete, busca exponer cómo podemos vernos reflejados en el mundo vegetal y qué pueden enseñarnos las plantas sobre la propia condición humana. Su estructura se compone de 35 capítulos independientes, relacionados a través del motivo principal del libro. La mayoría de ellos consisten en un par de anécdotas históricas en las que están presentes la botánica, los jardines y la horticultura. Beruete trata de relacionar estas anécdotas con distintos conceptos morales, filosóficos y políticos.
Me ha fascinado la sencillez de Bobin en este diario. Es ligero pero aún así pienso que debe leerse despacio, es un libro para acompañar algún paseo bajo el sol de primavera o para acercarse a él durante minutos robados. A través de la mirada amable de Bobin uno recuerda lo gigantesco de las cosas pequeñas y renueva su deseo de contemplar el mundo y la vida desde la simplicidad, o lo que para mí es lo mismo, la apertura de los sentidos al devenir.
Una obra muy cercana que habla sobre el mismo acto de la lectura. Está repleta de ideas que ayudan a uno a reconciliarse con su faceta lectora, a perdonarse por no alcanzar estándares inculcados en la academia y a ver los libros como lo que son: libros y no deidades. Los libros son lugares que uno puede recorrer como le venga en gana, siempre lo han sido. Los libros nunca han tenido el peso insoportable que se les ha dado; son compañeros de viaje, no revisores.
Es un libro que recomendaría a cualquier persona, pero en especial a aquellas que, como yo, tengan una relación frustrante y complicada con los libros, aquellas que están seguras de amar la lectura pero no saben cómo hacerlo.
He leído en alguna reseña que este libro carece de sensibilidad o que se sexualiza a niñas pequeñas. Creo que no se puede estar más equivocado: los niños también tienen sexualidad, y quien acusa de (hiper)sexualizar cuando solo se está exponiendo una realidad es en realidad quien tiene la mirada contaminada.
Y otra cosa no, pero sensibilidad le sobra a Andrea Abreu. Nos acerca a una época y lugar concretos, llevando la inmersión al extremo transcribiendo el habla tinerfeña rural y dando una premeditada patada al diccionario. Además lleva descaradamente lo escatológico y lo tabú, si es que no son lo mismo, al lenguaje, lo expone sin pudor y al nombrarlo lo transforma en una realidad consciente. No hay nada más humano que lo encerrado en el tabú, ni nada más inhumano que encerrarlo.
Palabras canarias que he aprendido:
– Rolete: Cagarruta.
– Alongarse: Asomarse.
– Fisco: Un trozo, pedazo, cacho.
– Abobito: Abubilla.
– Arrojar: Vomitar.
– Cuero: Prostituta.
– Juroniar: Curiosear, husmear, escudriñar.
– Cherne: Pescado (parecido al mero) muy apreciado, sobre todo salado
– Jarrapa: compañera de aventuras con la que se pueden hacer todas las machangadas posibles
– Ludo: parchís
– Mesturado: mezclado
– Enchopado: mojado
– Aguachento: aguado e insípido
– Tratar a la papita suave: mimar, ser muy permisivo
– Machangada: Tontería
– Boliche: canica
– Brumasera: niebla
– Baifo: cría de la cabra
– Amularse: enfadarse obstinándose en no hablar
– Cambado: jorobado, encorvado
– Jeringado: jodido
– Jariado: cansado, molido
– Partigazo: costalada, batacazo
– Enchumbar: ensopar, empapar de agua
– Camarote: cohete (fuego artificial)
– Eschavetarse: deschavetarse, perder el juicio (perder la chaveta)
– Enguirriado: encogido, triste, a causa del frío o de una enfermedad
Es, sin duda, un buen libro para adentrarse en el pensamiento filosófico. Al principio parece un aburrido monólogo sobre historia de la filosofía encubierto con unos cuantos diálogos. Luego uno se da cuenta de que, fuera de ese monólogo, la narración va mostrando sutiles analogías de las distintas corrientes del pensamiento. Esto, desde mi punto de vista, cumple con el que debería ser el objetivo principal de este libro: hacer que el lector reflexione por su cuenta, más allá de aprender datos históricos.
Este es un libro maravilloso para aquellos a los que le interese la botánica más allá de plantar bulbos en su casa. En él los autores explican características sorprendentes de los vegetales para que abramos los ojos a su indiscutible inteligencia e incluso superioridad. Las plantas no solo tienen nuestros mismos sentidos, sino que cuentan con muchos más. Además su sedentarismo ha provocado que desarrollen más su faceta estratégica, la más refinada de toda la vida terrestre.
Es un libro breve y ligero, aparte de apasionante. Lo que más me gusta es que ofrece recomendaciones bibliográficas por cada tema que trata, para quien quiera profundizar más en alguno.
Este ensayo narra los dos años, dos meses y dos días que Thoreau vivió en una cabaña construida por él mismo, al lado del lago Walden. El libro está repleto de ideas que, en primera instancia, pueden parecer nimias pero a medida que lo lees van creciendo en conjunto. Lentamente conectas con el entorno natural que describe el autor y entiendes de dónde nace su pensamiento. Cuenta, a modo de diario, cómo hace la cabaña y cómo vive en ella. Sobre algo tan sencillo construye reflexiones acerca de la sociedad del momento, de la economía y, sobre todo, de la necesaria relación del hombre con la naturaleza y lo respetuosa que debe ser.
Me gusta que la estructura no sea cronológica, los capítulos son temas. Hay capítulos dedicados a los sonidos, a la lectura, la soledad, los animales, las visitas de la gente... Así puede funcionar casi como un libro de consulta y uno puede volver fácilmente a sus ideas cuando quiera.
Es un libro para leer con tranquilidad. No es excesivamente espeso, pero es de esos textos de los que hay que descansar para que sus ideas germinen. Además, la forma en que Thoreau lo cuenta le da ganas a cualquiera de irse a una cabaña en medio de un bosque.
En resumen: me ha gustado y merece la pena aunque lleve algún tiempo leerlo bien. Pero hay que leerlo bien, no es una narración de cuento, si no perdería todo su significado.