
Libro interesantísimo sobre la percepción del color como un fenómeno completamente ligado al lenguaje, la cultura, la tecnología y, en resumidas cuentas, el momento histórico en el que se da. Todo lo que damos por hecho sobre el color está igual de culturalmente construido que los presupuestos cromáticos de otras culturas o momentos históricos y que calificamos como erróneos o atrasados. El libro, en el fondo, resume muy bien la equivocada idea de progreso con la que valoramos el mundo y decidimos qué está atrasado, que está adelantado y qué está (o lo que es lo mismo: qué es verdadero, real real, indiscutible, objetivo).
Pantone, el RGB, el CMYK, el círculo cromático, los colores primarios y sus mezclas, los complementarios, los fríos y los cálidos, incluso la tricromía de los conos (receptores del color en el ojo), son solo conceptos útiles a una forma de producción y un modo de pensar el mundo que se imaginan el uno al otro constantemente. Antes no es que no se hubiera descubierto tanta verdad sobre el color, sino que la verdad era otra y en el futuro lo será también. El color, como todo en este mundo, es un fenómeno radicalmente relativo.
Muy recomendado para quien le guste la antropología y cierta mirada poética y estética hacia las imágenes del mundo.
Me encanta con qué originalidad coge la idea de línea y comienza a deambular y tejer toda una clasificación repleta de implicaciones. Hilos, escritos, viajes, grabados, arboles genealógicos, huellas... Todo acompañado de ejemplos concretos y una mirada antropológica. Qué líneas elegimos trazar, entrelazar o seguir; eso es lo que importa.
Me ha encantado. Hay muchas cosas que aún no entiendo por completo, aunque me resuenan intuitivamente, así que tendré que cotillear conceptos deleuzianos. He empezado la introducción a Mil Mesetas para tratar de interiorizar el rizoma, el cuerpo sin órganos, el plano de consistencia/inmanencia...
Quería compartir algunos links interesantes:
- El perfil de Ana Gorostizu en Spotify, donde tiene publicadas las 3 playlists que acompañan al libro:
https://open.spotify.com/user/nana_skelleton
- El perfil de “Loops”, dos libros sobre la historia de la música electrónica, lleno de playlists que reunen cronológicamente música electrónica histórica y que acompaña a los libros:
https://open.spotify.com/user/8boe4e54e35vqag9ognzrt6qf
- Dos webs increíbles para descubrir géneros musicales y ver sus subgéneros, artistas relacionados, historia... (Cuidado! Son un vicio):
https://everynoise.com
https://musicmap.info
Es un libro increíble para adentrarse en la sensibilidad anarquista a través de muchísimos ejemplos –pasados y presentes– de autogestión, lucha por la libertad, protocolos colectivos para evitar la jerarquización...
Algo muy guay de este libro es que está organizado en preguntas acerca de lo que puede y no puede el anarquismo. Sobre toma de decisiones, naturaleza humana, economía, medio ambiente, crimen...
Me ha merecido mucho la pena su lectura porque aterriza mis ideales en ejemplos tangibles, y eso me da fuerza, inspiración y esperanza. La anarquía sí funciona y nunca lo había tenido tan claro.
Me ha flipado este libro. Empecé a leerlo poco motivado porque venía de haber abandonado un tiempo la lectura, pero poco a poco he ido conectando con las ideas de la autora.
La autora utiliza un estilo epistolar inscrito en un diálogo científico sobre el lenguaje de los animales. En concreto, propone un mundo en el que las distintas ciencias zoológicas están mucho más avanzadas. Pero este avance no es tecnológico ni nada parecido, es un avance de la sensibilidad y la cosmovisión: una ciencia que concibe la inteligencia de todos los animales, su propia cultura, personalidad, poética... Una propuesta que trasciende el paradigma evolutivo que todos hemos heredado y entiende el mundo como una simbiosis de seres.
Es difícil describir lo increíblemente creativo que es este libro. Apoyándose en estudios existentes, nos descubre la posibilidad (para mí ya muy real) de la poética inscrita en los muros fecales de los wombats, los nítidos mensajes vibrantes de las arañas o la escritura de los pulpos y la personalidad de cada uno de sus tentáculos.
Además propone un mundo en que nuestro lenguaje se expanda a todos los sentidos y establezca lazos íntimos con otras especies; propone un lenguaje simbiótico en el que no hay sujeto, solo devenires que se convienen y forman corrientes.
Tenemos que aprender a ser pulpos.
La idea de este libro me ha resultado original, sobre todo por la manera en que se lleva a cabo: a caballo entre el ensayo, la narrativa, la poesía y diría que también el arte (instalativo, consciente de su propio soporte).
Esta instalación de últimas frases recorre los fragmentos de la biografía de Camila Cañeque, sus intuiciones acerca del final narrativo y, por supuesto, las últimas frases de cientos de libros, que se intercalan en lo que la autora cuenta y cuyas interrupciones lo enriquecen y acompañan.
Al final del libro hay un QR que lleva a esta web, donde van apareciendo caóticamente todas esas frases y, esto es curioso, se crea la paradoja de llenar un espacio completamente vacío con finales, esto es, con aquellos umbrales que preceden al vacío. Este es un gran tema de fondo en el libro: aquello que hay tras y entre los finales, que no es exactamente un vacío.
Se nota que la autora es también artista y, en concreto, una artista que trata temas como la inactividad del cuerpo, el simplemente estar quieto, esperar, dormir.
Nada más empezar a leer este libro me enteré de que Camila Cañeque había muerto de forma súbita mientras dormía, este mismo año, poco antes de que se publicase esta obra. Me dio un vuelco el corazón y el estómago, pero lo cierto es que me ha estado acompañando, muy viva, mientras leía sus palabras. Su propio final tampoco es exactamente un vacío, permanece su voz y su obra. Si detrás de cada final hay otro final, en realidad lo que hay es siempre una continuación. El final de un libro, de un día, de una vida... Ningún final es un abandono. La autora continuó cientos de finales en este libro y siento que leerla ha sido continuarla a ella. Tras terminar este libro, otros libros, ideas y experiencias lo continuarán, encajando en la huella de su final. Un final y una huella son lo mismo: formas de presencia, pero no un vacío.
Esta novela me ha flipado. Adoro las historias fragmentarias bien ensambladas.
Irene Solà tiene una capacidad para crear atmósferas, para envolverte en una mezcla mágica de folclore y sensualismo, que es admirable y muy inspiradora.
Los personajes están muy bien definidos pero se desdibujan y entremezclan con el entramado de los diferentes tiempos que se narran, lo cual me parece un puntazo a favor. Ayuda mucho a entrar en la atmósfera difusa y tenebrosa que plantea.
Otra cosa que me encanta es la manera de hacer las transiciones al cambiar de tiempo la narración. Da una sensación de que todo ocurre en paralelo, tan integrado... Todas las capas se juntan, tanto las temporales como las de lo extraordinario, lo mágico y lo normal. La sensualidad con la que la autora traza las descripciones hace posible que lo extraordinario se vuelva ordinario, que se ponga a nuestro alcance.
Este libro se siente como si el agua del pozo de un pueblo recóndito te contase con sus reflejos las historias mágicas del lugar. Una experiencia sagrada y, en bastantes ocasiones, desternillante y escatológica. Solà escribe de manera, literalmente, mágica.
Simplista, dicotómico, cero argumentos. Habla de las humanidades como si fueran buenas de por sí, como si estuvieran completamente desconectadas del resto de acontecimientos y fueran apolíticas o estuvieran siempre en el bando correcto. Percibir las humanidades como algo que puede separarse del resto de cosas, como un ejercicio teórico solo guiado por la inocente curiosidad, es una visión que solo pueden permitirse los más privilegiados.
Le pongo dos estrellas por el ensayo de Flexner, que al menos tiene un hilo argumentativo.
Mancuso podría haber profundizado un poco más o quizás dar más ejemplos. Siento que la idea es muy buena pero cada capítulo –o mejor dicho, cada artículo de la “declaración de derechos de las plantas”– siento que no llega a enlazar del todo bien con el titular que defiende. Siento que debería haber, no solo ejemplos en los capítulos, sino también algo menos expositivo y más reflexivo, una defensa en profundidad de la política que defiende. Le falta algo de filosofía, simplemente.
Aun así entiendo que la idea del libro es ser escueto, legible y fácilmente divulgable. Espero que funcione (desde aquí recomiendo su lectura) y que aprendamos más de las plantas, de su respeto por el entorno y su arraigo tranquilo y sostenible.
¡Qué novela tan luminosa! Me ha encantado y resultado increíblemente acogedora, ojalá no hubiera terminado nunca. Sin duda es un gran (y difícil) ejercicio de imaginar un mundo mejor, de retratar un mundo poscapitalista, poscrisis climática, posbinario, posbélico...
He sentido que, a ratos, yo vivía ahí también, acompañado de Dex, Onfalina, una taza humeante de te y del bienestar de poder vivir y cuidar.
Buscaba un libro para introducirme en el anarquismo y este me ha parecido totalmente adecuado. Se divide en dos partes: la primera recorre de forma general el pensamiento anarquista en distintas áreas (economía, arte, organización social, pedagogía...) y en la segunda habla brevemente de la vida y pensamiento de los principales exponentes del anarquismo.
Muy recomendado para cualquiera que, como yo, esté interesado en el tema pero no tenga apenas una base.