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See allEs difícil escribir una reseña de un clásico tan único y reconocido.
De adolescente me fascinó la magia, las leyendas de un gran pasado y la ternura de los personajes sencillos enredados en ellas.
De adulta, cada vez que lo he vuelto a leer, he descubierto más cosas: la riqueza del lenguaje, el ritmo impecable, la épica de las batallas, hay mucho que disfrutar en este libro. Pero esta vez, al volver a Tolkien con ojos de senderista, me han fascinado esos paisajes naturales y humanos, que no son sólo un marco para la trama del libro, si no que forman parte de la belleza y la riqueza que los personajes luchan por preservar.
Una revisión muy amena e interesante de la evolución de la sociedad humana, desde el origen de la especie hasta hoy. Abre también un debate sobre el significado de la felicidad, y si el progreso ha contribuido ha hacernos más felices.
No puedo realmente valorar el rigor científico de sus hipótesis, aunque muchas de sus conclusiones parecen más opiniones personales que el resultado de una investigación. A mi me chirría especialmente su opinión sobre la revolución agrícola, a la que llama “el mayor fraude de la historia” con argumentos bastante flojillos.
Es el primer libro que leo de este autor y no me han quedado ganas de leer nada más.
Es literatura juvenil, así que el público al que está dirigido puede que no tenga experiencia suficiente como para aburrirse con los personajes estereotipados. Me cuesta más perdonarle el lenguaje poco natural, repetitivo, los agujeros argumentales y la ambientación pobre.
Tiene buen ritmo y mucha acción, eso sí.
Muy interesante, pero un poco más largo de lo que el tema requiere. Explora los límites éticos a la comercialización de bienes como la educación, sanidad, medioambiente, cultura...
Pone ejemplos muy interesantes y aborda cada caso desde dos puntos de vista: la desigualdad y la pérdida de significado. Si se puede pagar por un mejor acceso a la sanidad, o por el derecho a contaminar, o a formar una familia, por un lado se generan desigualdades y por otro se pierde el sentido de la solidaridad, responsabilidad o afecto que deberían acompañar a esos actos.
Plantea preguntas que deberíamos hacernos más a menudo, te da herramientas para analizar y opinar sobre cosas que chirrían, que parece que están mal, pero no sabes exactamente por qué. La única pega que puedo ponerle es que a veces se hace un poco repetitivo, hace las mismas reflexiones una y otra vez.