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See allHasta leer las últimas 5 páginas, la calificación iba a ser unas merecidas 4 estrellas. Pero el final.. ¡Qué final! Imposible que ese cierre no valga una estrella adicional.
Bazterrica atrapa desde un principio apelando a un lenguaje llano y a un desarrollo lineal de la trama. Con tintes distópicos, la historia es, en definitiva, un llamado a la reflexión sobre el consumo de carne. A través de la historia de Tejo, personaje principal muy bien construido que trabaja en el mercado de la carne, la autora logra reconstruir la génesis, el desarrollo y los alcances de la denominada “Transición”, es decir, el reemplazo del consumo de carne de origen animal por carne de origen humano.
Como toda (buena) distopía, los hechos narrados parecen tan aterradores y lejanos como potencialmente posibles. Bazterrica lee los valores y códigos del consumo de carne en la actualidad y partiendo de esa base nos lleva a preguntarnos ¿Sería tan difícil como suena que suceda una Transición en el mundo real?
Este libro es literatura pura, un ejercicio literario de la san p*ta.
Lo conversaba con un amigo que piensa exactamente lo contrario, pero para mí esta obra es fundamentalmente una gran crítica al mundillo literario en general y al de los poetas en particular.
El hecho de que se hable tanto de poetas, de corrientes literarias, de juicios de valor sobre tal o cual escritor, pero que a la vez no haya ni siquiera un fragmentito de poema transcrito en toda la obra (salvo creo 2 casos) constituye en mi opinión una clara crítica a este mundillo. La obra, los poemas en sí, parecen ser secundarios, ni siquiera aparecen reseñados, mientras que lo que prevalece es el postureo, la afiliación de los poetas a tal o cual corriente, sus vidas personales –una competencia por ver quien está más demente-y sus relaciones interpersonales. Que poetas campesinos; que realvisceralistas; que estridentistas; que alfiles de Octavio Paz. Los conocemos a todos, con abundancia de nombres y apellidos e historias personales, pero de su obra ni noticias, y ello incluye -sobre todo- a los protagonistas Belano y Lima.
Me parecen fantásticas las historias que aparecen, una dentro de otra como una muñeca rusa, intercaladas, interrelacionadas, tangencialmente conectadas. Me gustaron particularmente las historias autosuficientes, aquellas que se narran de principio a fin tan sólo para contar una participación mínima de alguno de nuestros (anti)héroes. Todo va creando un mundo en el que el lector es espectador a la vez omnisciente, porque lee todos los puntos de vista, y dependiente de esas miradas tan parciales y particulares.
El motivo por el cual recibe 4 y no 5 estrellas es simplemente la extensión. Me pareció algo largo. Es cierto que un libro de estas características no puede caber en 200 páginas, no alcanzaría su objetivo, pero en algunos pasajes –sobre todo promediando la segunda parte- el libro se hace un poco largo.
La premisa es simple, directa y expuesta en los términos más llanos posibles.
“Haz lo que yo digo y no lo que yo hago” clama el saber popular, haciendo suya una aparente frase de Séneca. Chang se empeña en demostrar, con mucha claridad y poder de síntesis, cómo los países hoy desarrollados instigan (digamos) a los aún-no-desarrollados a adoptar vías que ellos mismos evitaron para desarrollarse.
Por supuesto que mucho de lo que plantea Chang es debatible -no tanto la premisa básica como sus alcances, sobre todo en materia de instituciones- pero el mayor valor de este libro está justamente en abrir el debate, en invitar a una revisión de la historia oficial y a repensar qué hay detrás de la ruta hoy por hoy fijada para los países en desarrollo por las potencias y las instituciones internacionales.
Tres cuentos espirituales parece una reivindicación de la narración, del acto mismo de narrar. Son tres cuentos narrados con un apuro por momentos frenético y con un estilo que se asemeja muchísimo a la oralidad. Pero, extrañamente, en ese frenesí narrativo no hay desorden: por el contrario, hay una cuidadísima elección de formas y palabras.
En el prólogo, Katchadjian alude a una frase que suprimió -pero que, en definitiva, no suprimió- de Alain Badiou, que habla de “una infernal agitación inmóvil”. Y en ese mismo prólogo, el autor refiere (o polemiza mejor dicho) que estos cuentos “van de afuera hacia adentro”. Esas son las dos claves de lecturas que, con mucha claridad, nos aporta el propio autor.
Efectivamente en los tres cuentos hay un accionar, un movimiento constante e intenso que se contrapone a una búsqueda interna, a una problematización de la propia identidad, que permanece y atraviesa todas esas peripecias. En ese sentido, es cierto también parece haber un viraje desde el afuera -las acciones narradas, puras y duras- hacia una introspección que va surgiendo sobre la marcha cada vez con mayor intensidad.
Interesante ejercicio literario.
2,5 estrellas
Se me hizo larguísima la lectura. Aunque tiene pasajes buenos, el libro me pareció bastante repetitivo y monotemático. Me pareció que la obra trata básicamente de Ignatius siendo Ignatius, un gordo ermitaño que detesta a las personas y a la sociedad en su conjunto (pero que exige todo de ellas) y que transita la vida guiado por una absoluta falta de empatía.
Si bien la intención del autor es la de recurrir al absurdo a través de personajes hilarantes, su humor me llegó a cuentagotas y se me hizo reiterativo. Lo caricaturezco de los personajes impide su desarrollo, por lo que una vez conocido cada uno de ellos no hacen más que repetirse durante las 400 páginas del libro.
En cuanto al famoso Ignatius Reilly, me generó principalmente -como dicen los yanquis- cringe. Me pareció un pobre tipo que construye una autopercepción de superioridad moral e intelectual como forma de negación de su propio patetismo. Si algún valor encarna el personaje en sí mismo, es justamente el de mostrar hasta qué extremos las personas pueden llegar a elaborar autoficciones para escapar de su propia realidad.
Dicho esto, he de admitir que algunas de sus observaciones me parecieron interesantes y divertidas. Y también es cierto que el personaje de Ignatius es icónico y difícil de olvidar.
Hallé interesante reflexionar cómo encajaría Ignatius en la actualidad, donde los Ignatius del mundo, facilitadas sus capacidades de comunicación y expresión a través de las redes sociales, parecen tener hoy un rol mucho más significativo en la sociedad. Me encantaría algún ejercicio artístico (quizás ya existe) de situar al personaje en un ámbito contemporáneo: ¿sería un troll que despotricaría contra todos y todo en las redes? ¿el líder de alguna agrupación conspiranoica o terraplanista? ¿o quizás candidato a Presidente?