

0,5/5 🤢
Pensaba darle mala nota al libro desde el primer momento. Es un libro cargado de una sobreadjetivación absurda, cansada e innecesaria que, aun entendiendo que es parte de la personalidad de la protagonista, lejos de acercarte a ella, te repele y aburre. Desde el principio Tengo miedo torero tenía algo que me chirriaba porque, aunque se pueden pasar por alto relaciones "amorosas" con una gran distancia de edad entre las dos partes, el momento en el que la persona de en torno a cuarenta años no deja de relacionar al que tiene veintipocos, Carlos, con la imagen de un niño pequeño, es cuando ya tienes que ponerte en alerta. Pues no suficiente con esta faceta de infantilizar y fetichizar con una perspectiva bastante preocupante a uno de los personajes, Lemebel nos narra como el protagonista abusa sexualmente de Carlos, todo el rato siguiendo con este fetichismo y, además, justificándose con que aquello estaba ocurriendo por "amor". Como si por contarlo desde una perspectiva LGBT fuera a ser menos preocupante, como si dentro del colectivo no fuera el pan de cada día los casos de violaciones, un tema a tratar y cambiar, como si fuéramos un mundo de color y fantasía.
En general, no tolero ningún tipo de abuso ni de relaciones de poder marcadas por la edad, pero cuando hablamos de libros que tienen un siglo, dos… pues no queda demasiado remedio. El problema es que este libro es de 2001. !!! 2001 !!! No puede ser que un libro con apenas 25 años tenga esta carga horrible; no puede ser que se permita y se venda como una historia de amor, cuando nada más alejado de eso. No entiendo las buenas reseñas de esta historia, ya no solo por su estilo, sino por la intención de esa crítica social y política para acabar cayendo en lo mismo de siempre.
0,5/5 🤢
Pensaba darle mala nota al libro desde el primer momento. Es un libro cargado de una sobreadjetivación absurda, cansada e innecesaria que, aun entendiendo que es parte de la personalidad de la protagonista, lejos de acercarte a ella, te repele y aburre. Desde el principio Tengo miedo torero tenía algo que me chirriaba porque, aunque se pueden pasar por alto relaciones "amorosas" con una gran distancia de edad entre las dos partes, el momento en el que la persona de en torno a cuarenta años no deja de relacionar al que tiene veintipocos, Carlos, con la imagen de un niño pequeño, es cuando ya tienes que ponerte en alerta. Pues no suficiente con esta faceta de infantilizar y fetichizar con una perspectiva bastante preocupante a uno de los personajes, Lemebel nos narra como el protagonista abusa sexualmente de Carlos, todo el rato siguiendo con este fetichismo y, además, justificándose con que aquello estaba ocurriendo por "amor". Como si por contarlo desde una perspectiva LGBT fuera a ser menos preocupante, como si dentro del colectivo no fuera el pan de cada día los casos de violaciones, un tema a tratar y cambiar, como si fuéramos un mundo de color y fantasía.
En general, no tolero ningún tipo de abuso ni de relaciones de poder marcadas por la edad, pero cuando hablamos de libros que tienen un siglo, dos… pues no queda demasiado remedio. El problema es que este libro es de 2001. !!! 2001 !!! No puede ser que un libro con apenas 25 años tenga esta carga horrible; no puede ser que se permita y se venda como una historia de amor, cuando nada más alejado de eso. No entiendo las buenas reseñas de esta historia, ya no solo por su estilo, sino por la intención de esa crítica social y política para acabar cayendo en lo mismo de siempre.