

Sí, lo voy a decir. La protagonista de este libro se folla un oso, es así, no hay más misterio. ¿El problema? QUE ESO NO ES LO PEOR y es de lo que habla, aunque no me extraña, toda la gente que ha leído este libro. ¿Sabéis qué es lo peor? Lo peor es la misoginia absurda que inundan estas ¿200? hojas, porque es el foco de todo esto.
Lou es una bibliotecaria que se marcha a una isla remota de Canadá para descubrir si la casa que han dejado en herencia al colegio donde trabaja, y que se sitúa en dicha isla, tiene algo de interesante. Bueno, pues partiendo de esta base, la autora, que tuve que asegurarme de que no era autor de LO MAL escrita que está la protagonista, busca mostrarnos un personaje que está hastiado de esa vida, lo que conlleva que al final casi su razón de ser gire en torno a simplemente ser un objeto sexual. Nunca se habla de ella más allá de sus relaciones fallidas, la forma en la que se obsesionaba con todas sus anteriores experiencias (mejores o peores), quedándose simplemente en cómo quería rellenar un hueco con sexo, con sentirse deseada. Esto, contado de otra forma, hubiera tenido sentido para dar pie a una historia de superación, una historia para enseñarnos que no es necesario ese deseo para sentirnos bien y completas. Pero no, aquí se tenía que follar a un oso, humanizándolo porque, supongo, ya no tiene esperanzas en nada.
El libro se siente vacío. La historia principal es un hilo pésimo que no te aporta nada; está ahí porque tiene que buscar situar la historia de una mujer cometiendo bestialismo, pero que tira de pasada, siendo a veces del todo inconexa y, sobre todo, irrelevantísima. Tampoco existe ningún tipo de superación ni desarrollo personal: al final es todo apatía, la aceptación de una vida triste y la sensación de que Lou no es más que un cascarón vacío, a la cual esta experiencia la ha dejado infinitamente peor de lo que ya estaba. Además, al humanizar al oso para poder cometer este acto, le acababa dando un aspecto vulnerable, tanto que parecía que se acercaba sospechosamente a un abuso sexual con otra persona.
No consigo entender, como lectora, qué era lo que pretendía la autora que viéramos en este libro, si es que pretendía algo, porque tengo la sensación de que esto al final es algo “polémico” porque quería que fuera así, sin más. Quería que esto se recordara como “el libro de la mujer que se folló al oso”.
Sí, lo voy a decir. La protagonista de este libro se folla un oso, es así, no hay más misterio. ¿El problema? QUE ESO NO ES LO PEOR y es de lo que habla, aunque no me extraña, toda la gente que ha leído este libro. ¿Sabéis qué es lo peor? Lo peor es la misoginia absurda que inundan estas ¿200? hojas, porque es el foco de todo esto.
Lou es una bibliotecaria que se marcha a una isla remota de Canadá para descubrir si la casa que han dejado en herencia al colegio donde trabaja, y que se sitúa en dicha isla, tiene algo de interesante. Bueno, pues partiendo de esta base, la autora, que tuve que asegurarme de que no era autor de LO MAL escrita que está la protagonista, busca mostrarnos un personaje que está hastiado de esa vida, lo que conlleva que al final casi su razón de ser gire en torno a simplemente ser un objeto sexual. Nunca se habla de ella más allá de sus relaciones fallidas, la forma en la que se obsesionaba con todas sus anteriores experiencias (mejores o peores), quedándose simplemente en cómo quería rellenar un hueco con sexo, con sentirse deseada. Esto, contado de otra forma, hubiera tenido sentido para dar pie a una historia de superación, una historia para enseñarnos que no es necesario ese deseo para sentirnos bien y completas. Pero no, aquí se tenía que follar a un oso, humanizándolo porque, supongo, ya no tiene esperanzas en nada.
El libro se siente vacío. La historia principal es un hilo pésimo que no te aporta nada; está ahí porque tiene que buscar situar la historia de una mujer cometiendo bestialismo, pero que tira de pasada, siendo a veces del todo inconexa y, sobre todo, irrelevantísima. Tampoco existe ningún tipo de superación ni desarrollo personal: al final es todo apatía, la aceptación de una vida triste y la sensación de que Lou no es más que un cascarón vacío, a la cual esta experiencia la ha dejado infinitamente peor de lo que ya estaba. Además, al humanizar al oso para poder cometer este acto, le acababa dando un aspecto vulnerable, tanto que parecía que se acercaba sospechosamente a un abuso sexual con otra persona.
No consigo entender, como lectora, qué era lo que pretendía la autora que viéramos en este libro, si es que pretendía algo, porque tengo la sensación de que esto al final es algo “polémico” porque quería que fuera así, sin más. Quería que esto se recordara como “el libro de la mujer que se folló al oso”.