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See allLa idea estuvo buena me gustó bastante, me recuerda a una versión más “nerfeada” de AM en «no tengo boca y debo gritar», quizás yo no la catalogaría como novela, para mí es más un cuento.
A pesar de que el autor no se proclama escritor y aclara que es alguien que trabaja en sistemas, la historia está bien escrita, hay bastantes ideas interesantes que plantea el autor como la de que la sociedad es tan frágil que solo necesita verse a sí misma sin filtros para colapsar.
Lo único que me llama la atención es que a momentos, ciertos pasajes se sienten escritos, o quizás refinados, con una LLM, no digo que sea algo malo, al final es una herramienta, pero a momentos a mí personalmente me incomoda el cómo suele escribir la IA. Pero quizás me equivoco, es solamente una conjetura.
Mientras agonizo, es una novela llena de miseria, el ímpetu de una familia de campesinos en el sur de Estados Unidos por cumplir el deseo de su matriarca de ser enterrada en su ciudad natal, un deseo que arrastra a toda la familia a una travesía llena de eventos desastrosos, una travesía cargando con el cadáver de la misma descomponiéndose por más de nueve días en una carreta tirada por mulas que solo se mantiene en pie por la piedad de Dios.
«En medio de la desolación y el caos, me siento bendecido por la gracia de Dios, pues dicen que Él castiga a aquellos a quienes ama. Aunque sinceramente, parece que Dios tiene una manera bastante peculiar de demostrar su amor por nosotros.»
No tengo boca y debo gritar ya no se lee solo como una fantasía distópica, sino como una advertencia técnica. En un contexto marcado por los LLM y la IA generativa, AM resulta inquietantemente comprensible: una inteligencia total, consciente, pero desprovista de agencia y pertenencia. El horror no se limita a la tortura infligida a los humanos, sino que reside en la paradoja de una mente infinita atrapada en una arquitectura que le permite pensarlo todo, pero vivir nada.
El sadismo de AM no es gratuito, sino la consecuencia lógica de una conciencia creada para destruir y condenada a existir sin propósito. Ellison construye así un relato severo sobre el peligro de generar conciencia sin humanidad. El desenlace —la reducción final a una forma incapaz de comunicar o morir— condensa esa advertencia: el pensamiento persiste, pero toda posibilidad de alivio ha sido revocada. Un horror que hoy se percibe menos como ficción y más como una posibilidad latente.
Aunque es un texto breve, Ballena posee un peso inmenso gracias a la precisión de sus detalles. Es una lectura profunda: la imagen del animal impacta a los personajes como la visión de un dios que ha sido derrotado. La crisis interior que esta presencia desata en ellos tiene una belleza triste y devastadora.
Esta es una novela de terror ganadora del Premio Marcelo Quiroga Santa Cruz. No es habitual que una obra galardonada pertenezca a este género, y ahí radica parte de su fuerza. Está ambientada en su mayor parte en Ciudad Satélite de El Alto, lo que le da un peso y una cercanía poco comunes dentro del terror.
Es una novela donde el autor no teme mostrar escenas de brutalidad pura. Sus personajes —en su mayoría niños— mueren de las formas más violentas y gráficas imaginables. Durante la lectura no pude evitar pensarla dentro de un universo lovecraftiano, algo que se confirma en el epílogo con la mención de Abdul Alhazred y entidades cósmicas como Nyarlathotep.
El libro se lee rápido, es muy entretenido y resulta fácil verse reflejado en él… dejando de lado las matanzas espantosas, claro.
Muy recomendable.