

Es una novela corta cuyo protagonista, Hajime, se ve profundamente afectado por el reencuentro con una amiga de la infancia, Shimamoto, a quien recuerda como el único amor “real” de su vida.
Lo interesante —para mí, al menos— es que la obra deja abierta la duda sobre ese reencuentro e incluso sobre la existencia misma de Shimamoto. Hay detalles que permiten pensar que Hajime podría haberla construido mentalmente para sobrellevar la crisis existencial que parece atravesar gran parte de su vida.
No soy particularmente fan de Hajime: me resulta pretencioso y con gustos “sofisticados”, quizá demasiado autoconsciente. Además, su obsesión con ser hijo único me cuesta entenderla (bueno, yo tengo hermanos, así que no sé si ser hijo único es realmente duro, quizás lo es en Japón).
Pero la novela no me pareció mala. Es entretenida y, sobre todo, me despertó cierta nostalgia por los paisajes urbanos de Tokio, que Murakami describe con una sensibilidad muy particular.
Es una novela corta cuyo protagonista, Hajime, se ve profundamente afectado por el reencuentro con una amiga de la infancia, Shimamoto, a quien recuerda como el único amor “real” de su vida.
Lo interesante —para mí, al menos— es que la obra deja abierta la duda sobre ese reencuentro e incluso sobre la existencia misma de Shimamoto. Hay detalles que permiten pensar que Hajime podría haberla construido mentalmente para sobrellevar la crisis existencial que parece atravesar gran parte de su vida.
No soy particularmente fan de Hajime: me resulta pretencioso y con gustos “sofisticados”, quizá demasiado autoconsciente. Además, su obsesión con ser hijo único me cuesta entenderla (bueno, yo tengo hermanos, así que no sé si ser hijo único es realmente duro, quizás lo es en Japón).
Pero la novela no me pareció mala. Es entretenida y, sobre todo, me despertó cierta nostalgia por los paisajes urbanos de Tokio, que Murakami describe con una sensibilidad muy particular.