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See all2025 Side Readings ~ 16
Find Your Frame de Craig Whitehead es el primer libro de fotografía que leo en mi vida. La fotografía es un pasatiempo que siempre he tenido cerca, pero que nunca he abordado con toda la profundidad que me gustaría. Conseguí este libro en su momento, cuando estaba en un pico de interés sobre el tema, buscando consejos para adentrarme, específicamente, en el mundo de la street photography.
El libro, de unas 140 páginas, se presenta como una serie de 20 lecciones o tips. Si bien es amable y fácil de leer, la verdad es que me pareció “decente”, sin más. Da la impresión de ser una selección de recomendaciones, ideas y pensamientos que el fotógrafo comparte al aire, más que un texto instructivo, organizado y pulido como una lección. No es una masterclass de un fotógrafo consagrado, sino las metodologías de un fotógrafo en particular.
El principal problema es que, aunque el punto de inicio de varios capítulos es bueno, el contenido es muy disperso. Por ejemplo, un capítulo empieza hablando sobre cómo usar framing con artículos presentes en mundo y, de repente, termina tratando la importancia de salir a hablar con la gente. Esto pasa de forma muy evidente en cuatro o cinco ocasiones, lo que demuestra que es más una colección de ideas que un texto realmente pensado y trabajado a lo largo de los años.
En resumen, la lectura fue correcta. Quizás me llevo alguna que otra cosa para mis propios experimentos, pero no es un libro que haya disfrutado especialmente ni que sienta que me haya enseñado algo concreto.
2025 Side Readings ~ 14Seguramente una de las lecturas que más he disfrutado en este 2025.Con una prosa cercana y amable, que remite a [a:Mario Benedetti 30195 Mario Benedetti https://images.gr-assets.com/authors/1497449095p2/30195.jpg] o incluso a [a:Roberto Fontanarrosa 37028 Roberto Fontanarrosa https://images.gr-assets.com/authors/1256044085p2/37028.jpg], Barrios comparte una selección de relatos que nunca falla en movilizar al lector. Emoción, humor, memoria y familiaridad se entrelazan en cada cuento, asegurando siempre una recompensa en forma de sonrisa, reflexión o sorpresa.Durante el período de poco más de un mes que me tomé para leerlo (lo fui saboreando, sin apuro), más de una vez me descubrí contando mis pasajes favoritos a mis padres, llamando a mi novia para leerle alguna frase en voz alta o incluso reversionando —plagiando— algún remate cómico con mis amigos.No lo menciono solo como anécdota: esas situaciones son la señal más clara de que lo leído funcionó, me tocó. Y funcionó porque es auténtico. Ahí está, para mí, la principal virtud de Pretéritos e imperfectos. Conocemos a los personajes, nos acercamos a sus historias, nos identificamos con algunos y reconocemos a muchos otros en la gente que nos rodea. En un tiempo en que lo humano parece cada vez más lejano, Barrios nos da un codazo suave y nos recuerda: “¿Se acuerdan de estas personas, de estas historias?”. Y sí, gracias a él volvemos a acordarnos: de las tías díscolas, de las travesuras con los compañeros de colegio, del inmigrante perdido que vimos en el metro, del chisme entre dos vecinas del barrio, de los efectos de la dictadura en nuestras dinámicas sociales.No sé si en Suiza o en Japón entenderán del todo estas historias, pero me animo a creer que para cualquier latinoamericano estos relatos son pedacitos de nuestras vidas puestos en el papel de una manera maravillosa.
2025 Side Readings ~ 15
Desde hace años soy un gran admirador de la obra de J. R. R. Tolkien. Mi fanatismo nació de chico, con 7 u 8 años, cuando las películas de El Señor de los Anillos me volaron la cabeza en el cine. Se convirtieron en algo a lo que regreso recurrentemente, un lugar al que le tengo un profundísimo aprecio y cariño. Sin embargo, tenía la misión pendiente de leer realmente alguno de sus libros.
Este año, en el que me propuse retomar la lectura con más atención, decidí dar el primer paso. Y qué mejor manera de hacerlo que con el que seguramente es el libro más amigable de su obra: El Hobbit.
La experiencia fue fascinante. Es una novela de poco más de 300 páginas con un tono bastante cercano a un fairy tale, casi de cuento para niños (a veces hasta “Andersenesco”), lleno de canciones y salidas cómicas. El worldbuilding es espectacular y Bilbo, como protagonista, es realmente encantador.
La lectura la hice con calma, a lo largo de un mes, y la acompañé con el audiolibro leído por Andy Serkis (quien hace de Gollum en las películas), lo que hizo el viaje aún más disfrutable. Ver escrito en un libro de los años 30 todo este mundo de fantasía —las arañas en el bosque, el encuentro con los elfos, el tesoro de los trolls—, al que uno ha estado expuesto por películas y videojuegos, es simplemente maravilloso.
Ahora, si bien la escritura es ágil y buena, sentí que por momentos quedaban algunos cabos sueltos o que las resoluciones eran un poco abruptas. Por ejemplo, la muerte de Smaug, que tiene toda una construcción para presentarlo como un enemigo formidable, me resultó un poco anticlimática para mi gusto. Del mismo modo, la Batalla de los Cinco Ejércitos me pareció algo forzada; casi como un cierre postizo después de la muerte del dragón. Si hubiese tenido que decidir yo --sepan disculpar la confianza-- una última gran batalla con Smaug me hubiera parecido un cierre más redondo.
Más allá de esos detalles, atesoraré profundamente esta lectura. Fue mi primer contacto real con la obra escrita de Tolkien a través de un libro amable y simpático que disfruté muchísimo.
2025 Side Readings ~ 11
Un pequeñísimo libro que me llamó la atención solamente por el hecho de que me recordó a la canción The Holy Drinker de Steven Wilson. Sin saber a qué me enfrentaba, lo adquirí como un blind buy. Adentro, me encontré con una pequeña fábula –curiosamente etiquetada por el autor como leyenda– de un hombre sin hogar que se convierte en el foco de una serie de milagros que no sabrá aprovechar (¿o sí?) y que desembocan en una fatalidad hagiográfica.
Por tonto que suene, se me hizo imposible no hacer un link mental con aquellas caricaturas de Mickey Mouse en plena revolución industrial; o la visita del Fantasma de las Navidades Pasadas que recibe Goofy. La atmósfera me resultó muy afín.
Una lectura ágil y curiosa, apropiadamente enriquecida por el postfacio de Berta Ares Yáñez.
2025 Side Readings ~ 18
No lo disfruté nada.
Lo recibí de parte de mi queridísima hermana en un intento por aunar nuestros gustos –ella por Amélie Nothomb, yo por Japón como país y cultura–, así que le presté todo el cariño y la dedicación que tuve a disposición, pero lamentablemente no fue suficiente para que hiciera clic conmigo. Lo que encontré fue un compilado de fun facts sobre Japón complementados por algunas vivencias y observaciones personales de la autora belga, pero no mucho más.
Aún sin ser un experto en la cultura nipona ni nada parecido, sentí que las temáticas se abordaban de manera muy superficial. Fue muy poquito lo nuevo que pude llevarme conmigo. Por otro lado, al no tener ninguna cercanía con Nothomb o su obra, sus comentarios no me aportaron nada.
Formalmente, el estilo collage del libro me pareció disperso y desconectado, al punto de dificultar la lectura. Hay algunos folios intercalados que cortan el flujo de las interacciones en las entrevistas y se me hizo normal tener que volver atrás para saber dónde habíamos quedado. Era eso, o saltarme los folios derechamente.
A propósito de las entrevistas: hay absolutamente cero conexión entre Nothomb y los entrevistados. Todo es formalidad, todo es pregunta forzada, todo es “yo pienso esto, usted que piensa / yo pienso esto, y usted de esto otro?”. Seguramente en formato podcast la realidad sea diferente, pero al menos en lo que al libro remite, no hay ninguna clase de encanto.
Al final, solo me queda agradecer el gesto que tuvo mi hermana. El libro no lo puedo recomendar a nadie.