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Es una novela corta cuyo protagonista, Hajime, se ve profundamente afectado por el reencuentro con una amiga de la infancia, Shimamoto, a quien recuerda como el único amor “real” de su vida.
Lo interesante —para mí, al menos— es que la obra deja abierta la duda sobre ese reencuentro e incluso sobre la existencia misma de Shimamoto. Hay detalles que permiten pensar que Hajime podría haberla construido mentalmente para sobrellevar la crisis existencial que parece atravesar gran parte de su vida.
No soy particularmente fan de Hajime: me resulta pretencioso y con gustos “sofisticados”, quizá demasiado autoconsciente. Además, su obsesión con ser hijo único me cuesta entenderla (bueno, yo tengo hermanos, así que no sé si ser hijo único es realmente duro, quizás lo es en Japón).
Pero la novela no me pareció mala. Es entretenida y, sobre todo, me despertó cierta nostalgia por los paisajes urbanos de Tokio, que Murakami describe con una sensibilidad muy particular.
Es una novela corta cuyo protagonista, Hajime, se ve profundamente afectado por el reencuentro con una amiga de la infancia, Shimamoto, a quien recuerda como el único amor “real” de su vida.
Lo interesante —para mí, al menos— es que la obra deja abierta la duda sobre ese reencuentro e incluso sobre la existencia misma de Shimamoto. Hay detalles que permiten pensar que Hajime podría haberla construido mentalmente para sobrellevar la crisis existencial que parece atravesar gran parte de su vida.
No soy particularmente fan de Hajime: me resulta pretencioso y con gustos “sofisticados”, quizá demasiado autoconsciente. Además, su obsesión con ser hijo único me cuesta entenderla (bueno, yo tengo hermanos, así que no sé si ser hijo único es realmente duro, quizás lo es en Japón).
Pero la novela no me pareció mala. Es entretenida y, sobre todo, me despertó cierta nostalgia por los paisajes urbanos de Tokio, que Murakami describe con una sensibilidad muy particular.

Mi único acercamiento a László Krasznahorkai antes de enterarme de que había sido galardonado este año con el premio Nobel de Literatura fue ver su nombre como guionista de la película El caballo de Turín, de Béla Tarr, donde se dibujan ambientes pesados, inquietantes y monótonos que describen «la pesadez de la existencia humana», cosa que, según he visto en críticas, es algo recurrente en su obra literaria.
Pienso que esta recopilación de relatos es la mejor manera de iniciarse en la literatura de Krasznahorkai. Consta de ocho cuentos, de los que destaco «Herman, el guardabosques (primera versión)» y «El final de un oficio (segunda versión)», que parecen ser enfoques diferentes de la misma historia, y «La trampa de Rozi», que narra el transcurso de un día desde la perspectiva de tres personas distintas. En ellos ya está todo el universo del autor sobre la desesperación de la existencia, el absurdo y la inminencia de la destrucción social.
«Comprendí entonces que, si miramos el mundo con odio y repugnancia, el mundo se vuelve odioso y repugnante; si lo hacemos con amor y esperanza, se vuelve imprevisible y hostil; lo mejor es, entonces, no mirarlo en absoluto».
Mi único acercamiento a László Krasznahorkai antes de enterarme de que había sido galardonado este año con el premio Nobel de Literatura fue ver su nombre como guionista de la película El caballo de Turín, de Béla Tarr, donde se dibujan ambientes pesados, inquietantes y monótonos que describen «la pesadez de la existencia humana», cosa que, según he visto en críticas, es algo recurrente en su obra literaria.
Pienso que esta recopilación de relatos es la mejor manera de iniciarse en la literatura de Krasznahorkai. Consta de ocho cuentos, de los que destaco «Herman, el guardabosques (primera versión)» y «El final de un oficio (segunda versión)», que parecen ser enfoques diferentes de la misma historia, y «La trampa de Rozi», que narra el transcurso de un día desde la perspectiva de tres personas distintas. En ellos ya está todo el universo del autor sobre la desesperación de la existencia, el absurdo y la inminencia de la destrucción social.
«Comprendí entonces que, si miramos el mundo con odio y repugnancia, el mundo se vuelve odioso y repugnante; si lo hacemos con amor y esperanza, se vuelve imprevisible y hostil; lo mejor es, entonces, no mirarlo en absoluto».

Creo que muchas personas leen esta obra en la adolescencia/juventud, o al menos recuerdo que muchos compañeros de colegio se pavoneaban por haberlo hecho.
Entiendo bien de dónde proviene el reconocimiento casi unánime hacia Cien años de soledad de García Márquez; sin embargo, debo admitir que no es un libro que haya resonado del todo conmigo. Aun así, me ha gustado mucho y me parece indiscutiblemente magistral la forma en que el autor narra un siglo completo de la estirpe Buendía: una familia marcada por la soledad, las repeticiones, las obsesiones y un destino que parece siempre circular.
Algo que me resultó especialmente memorable es cómo la novela prescinde de un protagonista único. En cambio, la historia avanza como un gran tejido coral, donde cada generación aporta un nuevo matiz a esa mezcla entre realidad y mito que define a Macondo. Aunque no haya sido un libro que me haya encantado en lo personal, sí reconozco su enorme valor literario: la capacidad de García Márquez para construir un universo propio, lleno de simbolismos, prodigios y tragedias, es algo difícil de igualar. Es una obra que tal vez no se adapte del todo a mis gustos, pero cuya calidad y potencia narrativa son innegables.
Creo que muchas personas leen esta obra en la adolescencia/juventud, o al menos recuerdo que muchos compañeros de colegio se pavoneaban por haberlo hecho.
Entiendo bien de dónde proviene el reconocimiento casi unánime hacia Cien años de soledad de García Márquez; sin embargo, debo admitir que no es un libro que haya resonado del todo conmigo. Aun así, me ha gustado mucho y me parece indiscutiblemente magistral la forma en que el autor narra un siglo completo de la estirpe Buendía: una familia marcada por la soledad, las repeticiones, las obsesiones y un destino que parece siempre circular.
Algo que me resultó especialmente memorable es cómo la novela prescinde de un protagonista único. En cambio, la historia avanza como un gran tejido coral, donde cada generación aporta un nuevo matiz a esa mezcla entre realidad y mito que define a Macondo. Aunque no haya sido un libro que me haya encantado en lo personal, sí reconozco su enorme valor literario: la capacidad de García Márquez para construir un universo propio, lleno de simbolismos, prodigios y tragedias, es algo difícil de igualar. Es una obra que tal vez no se adapte del todo a mis gustos, pero cuya calidad y potencia narrativa son innegables.

Una colección de cuatro novelas cortas, cuyo hilo conductor es la venganza.
Es la primera vez que leo algo de King, y pucha que no esperaba que me guste tanto. Son cuatro historias de fácil lectura, maneja un lenguaje accesible (en mi opinión) y como menciona en el epílogo escrito por él mismo, busca contestar a la pregunta <<¿cómo es posible que ocurran cosas así?>> los relatos sugieren que a veces existe un motivo.
La literatura de ficción es uno de los caminos a través de los cuales intentamos dar sentido a nuestra vida y al mundo (a menudo) terrible que vemos a nuestro alrededor.
Una colección de cuatro novelas cortas, cuyo hilo conductor es la venganza.
Es la primera vez que leo algo de King, y pucha que no esperaba que me guste tanto. Son cuatro historias de fácil lectura, maneja un lenguaje accesible (en mi opinión) y como menciona en el epílogo escrito por él mismo, busca contestar a la pregunta <<¿cómo es posible que ocurran cosas así?>> los relatos sugieren que a veces existe un motivo.
La literatura de ficción es uno de los caminos a través de los cuales intentamos dar sentido a nuestra vida y al mundo (a menudo) terrible que vemos a nuestro alrededor.